No soy la misma. Y eso también es amor.

No soy la misma de hace diez años. Tampoco de hace tres. A veces, ni siquiera de ayer.

Hay cambios que suceden en silencio. No hacen ruido, no avisan, no tienen una fecha que se pueda marcar en el calendario. Un día, simplemente, ya no contestas igual, no insistes, no justificas lo que antes defendías con tanto énfasis. No duele. No da miedo. Solo pasa.

Y cuando pasa, te das cuenta de que también es amor. Amor hacia ti.

Porque amar —de verdad— no es quedarse fija en una versión antigua de ti misma solo para que los demás no se incomoden. Amar también es permitirte crecer, mudarte de piel, dejar de sostener lo insostenible. Es aprender a escucharte sin la necesidad de explicar todo lo que decides dejar atrás.

Durante años nos enseñaron que amar era mantener. Sostener. Aguantar. Permanecer. Pero nadie nos habló del otro amor, el más silencioso y muchas veces más difícil: el amor que te obliga a soltar, a reconocerte distinta, a poner límites, incluso con quienes más quisiste. Incluso contigo.

Cambiar no es traición. Cambiar es una forma de seguir viva.

He dejado lugares, personas, rutinas, ideas que un día fueron hogar. Agradezco lo que fueron, pero no cargo con lo que ya no soy. Eso también es una forma de amor: no aferrarse a lo que te queda pequeño.

La adultez tiene mala fama. Nos la vendieron como una etapa de estabilidad rígida, de certezas definitivas. Pero es mentira. La adultez, si se vive con honestidad, está llena de nuevas preguntas. Y de respuestas que ya no sirven.

Hoy, cuando me miro con calma, sin obligación de justificarme, entiendo que lo que he perdido, lo que he cambiado, lo que ya no me define, no es un fracaso. Es un mapa. Uno que se va trazando con errores, decisiones, retrocesos. Y también con ternura.

No soy la misma. Y eso no es una crisis.

Eso también es amor.

Publicado por Adulta contemporánea

No hay biografía, hay una voz. Escribo lo que muchas pensamos y pocas decimos. Eso basta.

Deja un comentario